
Durante meses fue la protagonista de mis fantasías. Pero ya no más: Sabina Franz decidió darse un descanso, renunciar o lo que sea. No queda más que respetar su decisión y recordarla con cariño y placer. Sobre todo, placer.
Sin embargo, como no estoy dispuesto a olvidarla, como no se deben de olvidar las buenas letras y las buenas amigas, le dedico esta entrada, inspirada en una nota que apareció en la Scientific American de septiembre, un especial acerca de los orígenes de las cosas. Y aquí va:
¿Alguna (o alguno) de ustedes ha utilizado alguna vez un vibrador? Por algún motivo que se me escapa, los objetos que nos dan placer, también suelen darnos vergüenza. La razón nos dice (o debería decirnos) que esto no debería de ser, sin embargo, el impulso parece demasiado fuerte para resistirnos a él. Y como este blog está dedicado a la racionalidad, aquí voy.
Todo comenzó, al decir de Mara Hvistendahl (y sí, es un nombre verdadero), como un asunto médico. Resulta que este curioso aparato se inventó para “curar” a las mujeres que acumulaban “demasiada” energía sexual (por lo visto esta nota necesitará de muchas, muchas, comillas). Como si necesitáramos de más evidencia, esto parece ser un "mal" registrado por lo menos desde Roma, en donde las mujeres acudían a los médicos para que las trataran en contra de la histeria (palabra que significa “útero” en griego), que sólo se podía curar por medio del clímax sexual. Al parecer, las más propensas a sufrir este mal eran las monjas y las viudas. Pero para la época Victoriana, muchas esposas lo sufrían también, gran sorpresa. Los médicos utilizaban sus dedos para llevar a las “pacientes” al paroxismo (sí, quiere decir clímax sexual). Asunto resuelto.
Al final, todo resultó de una decisión económica: entre más pacientes trataran, más dinero recibirían. Los vibradores solucionaron el asunto.
A principios del Siglo XIX Joseph Mortimer inventó un aparato que estimulaba los músculos por medio de la electricidad. Pronto, este adelanto médico se adaptó y todos fueron felices. Más pacientes, más rápido.
A principios del XX, el vibrador ya se vendía por catálogo, y se convirtió en el quinto producto más adquirido por correo, después de la máquina de coser, el ventilador, la tetera y el tostador de pan. Tuvieron que pasar varias décadas para que las mujeres pudieran comprar vibradores sin pretender que se trataba de un tratamiento médico.
Hay veces en que es un verdadero placer que el vudú se una a la ciencia.
Sabina, ésta va por ti. Pero si también la extrañan, visiten a Emma.




