No me acuerdo ahora quién escribió: “La real trascendencia de los acontecimientos históricos suele hacerse perceptible cuando se contemplan agrupados por fechas y nombres”. ¿Y qué de los acontecimientos no históricos? ¿Cuentan los acontecimientos de nuestras vidas individuales? ¿Qué relación tienen estos sucesos con los de nuestra vida cotidiana, si es que la tienen? ¿Hay algo que podamos entender de nuestras vidas apilando fechas y nombres? ¿Es posible que dejen de ser sólo fechas y nombres para convertirse en claves?

¿Explicaría eso todo?

¿Todo?

sábado 7 de noviembre de 2009

La ciudad transparente: Sabina Franz



Durante meses fue la protagonista de mis fantasías. Pero ya no más: Sabina Franz decidió darse un descanso, renunciar o lo que sea. No queda más que respetar su decisión y recordarla con cariño y placer. Sobre todo, placer.

Sin embargo, como no estoy dispuesto a olvidarla, como no se deben de olvidar las buenas letras y las buenas amigas, le dedico esta entrada, inspirada en una nota que apareció en la Scientific American de septiembre, un especial acerca de los orígenes de las cosas. Y aquí va:


¿Alguna (o alguno) de ustedes ha utilizado alguna vez un vibrador? Por algún motivo que se me escapa, los objetos que nos dan placer, también suelen darnos vergüenza. La razón nos dice (o debería decirnos) que esto no debería de ser, sin embargo, el impulso parece demasiado fuerte para resistirnos a él. Y como este blog está dedicado a la racionalidad, aquí voy.

Todo comenzó, al decir de Mara Hvistendahl (y sí, es un nombre verdadero), como un asunto médico. Resulta que este curioso aparato se inventó para “curar” a las mujeres que acumulaban “demasiada” energía sexual (por lo visto esta nota necesitará de muchas, muchas, comillas). Como si necesitáramos de más evidencia, esto parece ser un "mal" registrado por lo menos desde Roma, en donde las mujeres acudían a los médicos para que las trataran en contra de la histeria (palabra que significa “útero” en griego), que sólo se podía curar por medio del clímax sexual. Al parecer, las más propensas a sufrir este mal eran las monjas y las viudas. Pero para la época Victoriana, muchas esposas lo sufrían también, gran sorpresa. Los médicos utilizaban sus dedos para llevar a las “pacientes” al paroxismo (sí, quiere decir clímax sexual). Asunto resuelto.

Al final, todo resultó de una decisión económica: entre más pacientes trataran, más dinero recibirían. Los vibradores solucionaron el asunto.

A principios del Siglo XIX Joseph Mortimer inventó un aparato que estimulaba los músculos por medio de la electricidad. Pronto, este adelanto médico se adaptó y todos fueron felices. Más pacientes, más rápido.

A principios del XX, el vibrador ya se vendía por catálogo, y se convirtió en el quinto producto más adquirido por correo, después de la máquina de coser, el ventilador, la tetera y el tostador de pan. Tuvieron que pasar varias décadas para que las mujeres pudieran comprar vibradores sin pretender que se trataba de un tratamiento médico.

Hay veces en que es un verdadero placer que el vudú se una a la ciencia.

Sabina, ésta va por ti. Pero si también la extrañan, visiten a Emma.

miércoles 14 de octubre de 2009

El señor de la noche

Y ahora Disaki/Omar ha escrito una reseña acerca de la Chaparra. Aquí les dejo un fragmento:

"Ingeniosa sin llegar a ser genial, rebelde sin llegar a ser realmente subversiva, la apocada jovencita sobrevive entre sus mecánicas labores de vendedora de hamburguesas, el derrumbe de su vida familiar y la compañía desangelada de sus amigos —que más que amigos son compañeros de tabla después del naufragio."

Si quieren seguir leyendo, los invito a X GENERATION PRINCESS.

Un abrazo muy fuerte a Disaki.

Hasta nuevo aviso


Les informo que el evento se ha cancelado y se llevará a cabo después.

Yo les aviso sin falta.

Un abrazo.

martes 13 de octubre de 2009

Las palabras de un poeta...

Aquí les dejo un texto acerca de Caza de Letras y de la novela. Muchas gracias a Cronos por sus palabras:

"En poco tiempo Caza de Letras se ha consolidado como un concurso innovador dentro de esta época inscrita en la cultura de los blogs y de la web 2.0. Desde la muy curiosa primera edición donde aún el desarrollo era algo incierto, pasando por la del año pasado donde hubo varios incidentes..."

Si quieren leer más, visiten Las palabras del poeta.

Un abrazo.

jueves 8 de octubre de 2009

La canción de los torturadores


Durante una etapa de mi vida estudié en una universidad que está en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El salón de clases tenía una ventana debajo de la cual se ponía un organillero. Escuchar “Sobre las olas” una y otra vez durante horas no ayudaba a comprender a Saussure, Pierce, Jakobson, Chomsky, et al. Después de pasar por Azcapotzalco y el sur de la ciudad, hoy estoy de nuevo en el Centro Histórico.

Y con otra ventana hacia la calle.

Hace poco más de un año, integrantes de los 400 (¿recuerdan?, los que se encueraban para protestar) pueblos solían manifestarse debajo de mi ventana durante horas. Gritaban consignas, usaban matracas y tocaban tambores. Durante horas. Y horas. Por supuesto acababan con la poca capacidad de concentración que de por sí tengo. Todo esto me vino a la mente al leer el reporte que preparó el neurocientífico Shane O’Mara acerca del uso de la música en “técnicas de interrogación y coerción”. En pocas palabras la música como medio de tortura.

La CIA ha utilizado esta práctica desde hace tiempo. La utilizó contra Noriega en Panamá y la sigue utilizando en Irak y Afganistán y en la nefasta prisión de Guantánamo. Una de las prácticas predilectas de los agentes de la CIA consiste en someter a los prisioneros a sesiones de entre 14 y 27 horas, tres veces por semana, en las que son bombardeados con las mismas canciones una y otra vez a 120 decibles de volumen. El objetivo es privar del sueño a los torturados a la vez que se les ofende culturalmente con mensajes “pro-americanos”, pues la mayoría de ellos profesan el Islam y proviene de países del Medio Oriente.

No es que haga falta saber más para indignarse ante estas prácticas, pero el colmo es que los torturadores utilizaron mucha de mi música favorita, como canciones de Metallica y Nine Inch Nails. Claro, también pusieron otras que me dan lo mismo, como Eminem, Christina Aguilera o Barney, el dinosaurio (y eso último sí que es crueldad excesiva). Interesante y absurdo a la vez fue que utilizaran “Born in the USA”, de Bruce, El Jefe, Springsteen. Esta canción es una crítica clara y explícita al gobierno de ese país. Me pregunto si el efecto no hubiera sido más bien el contrario y escuchar al Jefe podría infundir ánimos a los prisioneros.

La idea de la CIA –basada en preconcepciones populares erróneas de acuerdo con O’Mara- es que por medio de estrés, shocks, ansiedad y desorientación, los prisioneros revelarán información relevante que, en otras circunstancias, mantendrían oculta.

Evidencia científica sólida ha demostrado que el resultado podría ser precisamente lo opuesto. “La integridad estructural y funcional del hipocampo, así como de los córtex prefrontales, y el descanso, son esenciales para el funcionamiento de la memoria”, escribe este investigador. Cuando estamos sometidos a estrés intenso, nuestro cuerpo produce hormonas del estrés, como el cortisol, que en exceso obstaculizan las funciones cognitivas, e incluso pueden dañar el tejido de ciertas áreas del cerebro. Tanto el hipocampo, como el córtex prefrontal son especialmente sensibles a este tipo de hormonas.

En resumen, lo que estas prácticas realmente producen, es que los sujetos inventen falsas recuerdos, recuerdos que incluso ellos mismos podrían creer realidad. Después de estudiar la principal literatura científica acerca del tema, O’Mara llegó a la conclusión de que a los torturadores más les valdría tomar algunas clases de ciencia básica.

Si quieren saber más, les dejo dos enlaces:

O’Mara, Shane. 2009. "Torturing the Brain: On the folk psychology and folk neurobiology motivating ‘enhanced and coercive interrogation techniques’".

Cusick, Suzanne G. 2006. Music as torture / Music as weapon.

domingo 4 de octubre de 2009

Transilvania Express II


Caminando por las calles del centro de Brasov, de ida o de vuelta a Kismet, la segunda noche en la ciudad transilvana, se encontró con la figura grande y alta del austriaco, quien le invitó a cenar. Y como tenía hambre aceptó. El austriaco no sabía a dónde ir, así que él lo llevó al pub escoses. El austriaco insistió en que tomaran una botella de vino blanco juntos. El austriaco pidió curry con arroz y él un pay de carne. El mejor y único que había probado en su vida. Un pay de carne cuyo sabor no podría olvidar durante el resto del viaje. Si éste sabía tan bien, ¿podría ser tan malo el pay de riñón?

De regreso pasaron junto a un pequeño automóvil soviético que estaba estacionado en la banqueta, no junto, sino en la banqueta. En casa al dueño lo hubieran multado con tanto dinero que no se hubiera recuperado en meses, dijo el austriaco, que pasaba de los cincuenta. En casa, pensó él, mexicano, a nadie le hubiera importado un carajo.

Al día siguiente partió temprano hacia Sighişoara. El lugar en donde nació Vlad.

La ciudadela de Sighişoara es muy pequeña, y se ve a lo lejos desde que uno sale de la diminuta estación de tren, pues está en lo alto de una colina. Cruzó por un cementerio y luego por un puente. Subió por unas callecitas torcidas hasta que no hubo más hacia donde subir, dio la vuelta y ahí la vio. Se trata de la parte vieja, medieval de la ciudad. Ahí está todavía la casa en la que supuestamente nació Vlad Tepes, ahora es un restaurante –según las reseñas de mediana calidad-. Afuera, junto a la fachada, hay una figura de vampiro, un vampiro de película como Bela Lugosi (quien por cierto era húngaro), pero con cara de monstruo. Una cruza de nosferatu y Drácula. Una figura de cartón a tamaño real como los afiches de promoción de las películas.

El tren que lo llevó hasta ahí era uno de clase Accelerat, es decir la segunda clase más barata e incómoda que, por cierto, se diferenciaba en poco con la primera clase.

En Sighişoara, al lado de la catedral, hay un busto de Vlad, con una placa en rumano. Había reservado una cama en el hostal, pero nada más al llegar se dio cuenta que no valía la pena pasar ahí la noche y compró boleto para Sibiu, pues en ese año había sido designada como capital cultural de Europa, junto con Luxemburgo.

Pasó varias horas ahí, dando vueltas. Subió por un gran túnel de madera que llevaba hasta lo más alto de la montaña, en donde había un monasterio. Recorrió los mismos lugares una y otra vez, pues poco más había que hacer. Comió un sándwich temprano y cuando llegó a la capital cultura se moría de hambre.

Más tarde, mucho más tarde, se subió al tren gitano. Ayudó a una mujer a subir su enorme maleta. Y pasó horas, horas sentado en un sucio y desvencijado asiento. Después. Se bajó en una estación perdida en la nada para esperar durante dos horas más, el tren que lo llevaría hsta Sibiu. El trayecto era ridículo, pensó, pues en el mapa parecía muy fácil trazar una línea recta desde Sighişoara hasta Sibiu, también conocida como Hermanshtadt. Pero no. No había transporte directo.

Ese fue su encuentro con los llamados “trenes gitanos”, llamados P, de Personal. En el andén, un rumano se le acercó para venderle un periódico, que él compró. El rumano le preguntó si sabía leer su idioma y él contestó que no, pero podía comprender lo básico, pues tanto el rumano como el español comparten la raíz latina.

viernes 11 de septiembre de 2009

Llegó...



"Tres minutos con treinta segundos por cliente.
30 millones de clientes. 17 millones de hamburguesas. 7.5 millones de kilos de papas. 30 millones de litros de refresco al año… ¿Qué hacer con estos números?

Eso se pregunta la Chaparra, quien trabaja preparando hamburguesas que nunca le quedan como las de la fotografía. No hay mucho que decir de ella: su sueño es llegar a ser empleada del mes aunque haga todo lo posible por que nadie se fije en ella, ni siquiera un poquito. En su mirada a la vez perpleja y a la vez irresponsable se va acumulando un bestiario contemporáneo: el Guasón, quien dosifica su cleptomanía con robo hormiga de libros; el Grunch, un príncipe azul que comanda a las Almas Muertas, la peor banda de covers que se haya escuchado jamás; la Maldad, el Güero de Rancho, la Ñoña de Lentes, la Bitle, el Pacman y todo un grupo de sobrevivientes de la positividad, la priorización y la motivacionalidad. O, lo que es lo mismo, de víctimas de lo cotidiano.

Con ritmo y prosa apremiantes, Arturo Vallejo Novoa elabora una novela acerca de discursos vacíos, momentos perdidos y, sobre todo, acerca de sueños innecesarios."


Ha sido un año largo, pero mucho más disfrutable con la compañía de todos y todas ustedes. Muchas gracias por todo.

Un gran abrazo.

-A.

P.D. Conste que la información la puso la editorial, no yo.